Primera entrada

 Los maestros y las maestras antes de la pandemia

En el imaginario social común el ser maestra o maestro está asociado con quienes se encuentran en un espacio físico, desde un aula con paredes de adobe o escuelas de primera calidad, impartiendo clases a niños, niñas, adolescentes y jóvenes, en una relación cara a cara. Sin embargo, este tipo de relación que perduró hasta marzo de 2020, de manera súbita se ha trastocado. Sin darnos cuenta o, quizá, sin considerarlo relevante desde antes de la existencia del coronavirus y en un mundo, en apariencia, interconectado el ser maestra o maestro había adquirido otras formas o maneras de manifestarse: quienes socializan sus experiencias y conocimientos de lucha; quienes crean conciencia desde las grandes urbes, desde las fábricas, desde el campo; quienes aprenden de las luchas de estudiantes, obreros, campesinos, periodistas, costureras, trabajadores domésticas, feministas, ecologistas; quienes desarrollan proyectos educativos alternativos; quienes resisten desde las comunidades indígenas, las comunidades de inmigrantes, las comunidades afrodescendientes, las comunidades religiosas.

Todos ellos han sido y son maestros y maestras que viven agobiados y asfixiados por un sistema económico, político, social y cultural nacional y global que desconocen su realidad. Desde antes de la pandemia, la escuela ya era incapaz de responder a las necesidades de los niños, niñas, adolescentes y jóvenes. La vinculación entre escuela y maestros mostraba signos de debilidad y fractura. Los docentes encontraban demasiadas restricciones institucionales y sociales para desarrollar su labor. Los niños, niñas, adolescentes y jóvenes se encontraban invisibilizados por los gobernantes y los políticos.[i]

¿Qué ha pasado una vez que nos ha tomado por asalto la pandemia? La situación se ha vuelto demoledora para los maestros y maestros de México. 

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